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Política

Álvaro García Linera dice Bolivia no tiene escrito su destino

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Ex vicepresidente de Bolivia Álvaro García Linera

Buenos Aires 25 de octubre de 2020

Luego del impactante triunfo electoral del Movimiento Al Socialismo, conversamos en Buenos Aires con el ex vicepresidente de Bolivia.

Dos horas y media de una intensa reflexión sobre el sentido de la historia boliviana, los vuelcos de la política contemporánea y la turbulenta coyuntura que viene.

¿Por qué recuperaron tan pronto el poder? ¿Qué hará el liderazgo histórico de Evo en esta nueva etapa? ¿Se puede esperar una vuelta a la normalidad perdida? Habla Álvaro García Linera, mientras prepara su regreso.

García Linera está exultante. No solo por una victoria electoral cuya magnitud no esperaba, sino porque en Buenos Aires el calor agobiante cedió por unos días y se impuso el bajón de temperatura. Señales inequívocas de un retorno inminente al altiplano, luego de once meses de exilio e incertidumbre. Sin embargo, a pesar de su fe ciega en el desenvolvimiento de la historia, el exvicepresidente de Bolivia sabe que nada volverá a ser como antes.

El encuentro tuvo lugar el martes 20 de octubre en la casa que la editorial Siglo XXI tiene en Palermo, más precisamente en su terraza. Originalmente pactada a las 16 horas, el intelectual nacido en Cochabamba pidió postergar una hora la cita pues debía cuidar a su hija pequeña un rato más de lo previsto. Los motivos del triunfo del MAS, las enseñanzas del peligro vivido, los desafíos para el gobierno que viene, los grandes dilemas de la izquierda en la etapa que vivimos, son algunos de los temas recogidos en esta entrevista, que culminó justo cuando comenzaba a caer la noche.

¿Cuál es el significado histórico de este acontecimiento? ¿Te sorprendió lo sucedido?

—Me sorprendió el volumen del triunfo. Sabíamos que íbamos a ganar, pero no calculamos la dimensión de la victoria. Cuando comenzaron a llegar los primeros datos sobre nuestra distancia con el segundo, me emocionó y me dio mucha alegría. El significado, para Bolivia, es que el proyecto nacional popular que ha postulado el MAS sigue siendo el horizonte insuperable de este tiempo.

El año pasado no fue derrotado este proyecto, fue paralizado. Derrotas algo cuando le arrebatas su fuerza moral o su energía. Y eso no sucedió. Se impusieron, gracias a evidentes problemas y a una votación no muy elevada. Pero la prueba es lo que está pasando ahora, cuando el proyecto que intentaron paralizar y cercenar a la fuerza el año pasado, volvió a renacer con un brío impresionante, porque su energía aún no se ha agotado, no ha culminado.

En ese sentido, sigue siendo el proyecto del MAS de inclusión social, crecimiento económico y distribución de la riqueza, el horizonte de esta nueva década que viene por delante. Y para el continente, creo que la lección es que si apuestas por procesos que benefician fundamentalmente a la gente más sencilla, más necesitada, más trabajadora, no estás fallando. Podrás tener problemas, podrás tener dificultades, contratiempos, estos recodos que se dan, pero es una apuesta que va con el sentido de la historia.

A diferencia de aquellos proyectos que apostaron a colocarse del lado de la empresa, de los adinerados, de los privilegiados, y que ellos iban a jalar al resto de la sociedad; ese proyecto se muestra agotado, cada vez más endurecido, autoritario. En cambio, si al momento de tomar posición apuestas por los trabajadores, si te aferras a seguir apostando por la emancipación, la lucha, el bienestar, la mejoría de las clases trabajadores, puede ceder temporalmente, pero la historia está caminando por allá. Y eso es bueno en este momento en donde el mundo entero se da una especie de estupor planetario en el que los líderes políticos, sociales, la intelectualidad, no saben hacia dónde se encamina el mundo.

Escuché por estas horas tres interpretaciones sobre por qué la victoria del MAS fue tan amplia y en cierto modo sorpresiva. La primera dice que la mayoría de la población votó por volver a esos doce años del gobierno anterior, que según tu idea siguen siendo el horizonte insuperable de la época. Un segundo argumento plantea que el gobierno de Añez fue tan malo que la gente votó en contra de ella y de esa forma benefició al MAS. Y una tercera reflexión pone el énfasis en la fórmula Arce-Choquehuanca, que habría aportado el caudal electoral que la formula de Evo contigo ya no conquistaba. ¿Qué pensás vos?

—Que los tres son distintas aristas de un mismo hecho social. No son miradas alternativas, sino complementarias. El recuerdo de la anterior gestión por supuesto que ha influido, porque permitió a las personas que su voz sea reconocida, que su identidad sea integrada, que sus condiciones de vida mejoren y cuando viene este gobierno e intenta mostrar un nuevo camino, lo hace sin integrar a la gente, sin reconocer su identidad, maltratando y empobreciendo a las personas. Entonces, la gente rápidamente ha podido comparar.

Hubiera sido distinto si nosotros hubiéramos caído por una mala gestión, si hubiéramos llevado al país a una crisis económica, de desempleo generalizado y parálisis productiva, de eso no te levantas. Si simplemente era una mala gestión esta, pero la anterior era igual de mala, pues no comparas nada, simplemente ves una continuidad. El hecho de que haya una candidatura como la de Luis y la de Choquehuanca también ha significado una muestra de que, dentro del proyecto general de transformación de economía, estado y sociedad que traían los sindicatos y las organizaciones sociales, existe la capacidad de incorporar otras voces. Y entonces demuestra que es un proyecto que sigue en crecimiento, que es capaz de mantener la fuente de sus raíces, y su columna vertebral muy popular, y tener la fuerza de cambiar liderazgos sin que eso sea producto de escisiones o de rupturas entre una nueva generación y la anterior, sino que se presenta como un proceso de articulación.

La generación nuestra, la que cumplimos toda una etapa, acompaña a la nueva generación. Eso en otras ocasiones en Bolivia se daba como ruptura, entre los antiguos y los nuevos, enfrentándose. Y aquí no, es una articulación orgánica. Por eso siento que son tres elementos de un mismo hecho social. La victoria nuestra está estratégicamente garantizada y va a seguir estando garantizada en tanto no surja un proyecto alternativo de economía, estado y sociedad. Por eso en 2019 se les dijo: en tanto ustedes no armen un nuevo proyecto de economía, estado y sociedad que supere a este y que genere expectativas siempre van a perder, van a seguir perdiendo. Podrán perder con un poco menos o un poco más, pero seguirán perdiendo. Y esta es la validación de esta hipótesis general: hoy por hoy en Bolivia no ha surgido de las fuerzas opositoras, de las fuerzas conservadoras, un proyecto alternativo de economía, estado y sociedad. Y ese es su límite. Eso los condena al fracaso. Y si eso no cambia en 2025, va a continuar. Las fuerzas conservadores lo que hacen es simplemente agarrar lo viejo y endurecerlo.

Le añaden un poco más de autoritarismo, un poco mas de racismo, una dosis de odio, una de rencor, otra de violencia. Eso no es un proyecto, eso te sirve para un rato, pero no para generar una convicción duradera del horizonte predictivo que tenemos las personas. En parte, la política es cómo diriges el horizonte predictivo de las personas. Es una lucha por el monopolio del horizonte predictivo de la sociedad. Y ellos lo perdieron. Intentan revivirlo con choques eléctricos de odio, de rencor, de racismo, pero te sale un Frankenstein. No te sale un proyecto orgánico de sociedad. Yo siento que es un momento malo para las fuerzas conservadoras a nivel del mundo. Pueden seguir gobernando, y están gobernando la mayor parte, pero es un momento malo. Se les va cayendo cada día un nuevo retazo de esta capacidad de dirigir el horizonte predictivo de la sociedad.

El horizonte predictivo es cuando te despiertas, saber qué vas a hacer. Y qué va a hacer tu hijo, y tu esposa, y tu hermano, qué has pensado para el siguiente día, o el siguiente mes o los próximos seis meses. Es algo concreto, no una abstracción filosófica: cómo las personas preveén su destino inmediato. Cuando no puedes dirigir eso, como está sucediendo ahora con las fuerzas conservadoras, se da este proceso caótico. El progresismo es una respuesta al agotamiento del horizonte predictivo del neoliberalismo. Es una apuesta que avanza, tiene problemas, se cae y se vuelve a levantar. Mira lo que ha pasado con Bolivia.

La recuperación del mando por las fuerzas neoliberales en estos últimos años es temporal, es una recuperación con pies cortos. Tú dices, ¿pero oye qué ha pasado con Bolsonaro? Y claro, es un neoliberalismo, pero ya es un Frankestein, con dosis de racismo, sexismo, violencia. Y capaz puede ganar las elecciones, pero no tienen el control del horizonte predictivo. Lo tenían, en los años ochenta le dijeron al mundo “no hay opciones”. La frase de Tatcher, “y lo que queda es esto”. Que luego escribe el señor Fukuyama con lenguaje filosófico, “es el fin de la historia”. Eso no pueden decir ahora, no se atreven a decirlo. Nadie sabe lo que va a suceder en el mundo.

Fuente: Revista Crisis

 

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