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‘Florida 520’ epicentro del lavado narco en Buenos Aires

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Lavado narco en Buenos Aires

Buenos Aires 1 de diciembre de 2020

 

El edificio conecta el caso de un financista desaparecido, otro asesinado por sicarios, cuevas de la SIDE y la base del mayor lavador narco de la Argentina.

Misterio. Las oficinas de Florida al 500, allí tuvo una reunión el día que desapareció Hugo Díaz y reúne varias oficinas investigadas. Foto Gerardo Dell’oro

El 9 de mayo de 2008 la Sala II de la Cámara de Casación Penal dejó firme una resolución que pasaría a integrar parte de la jurisprudencia: por mayoría, los jueces Gustavo Mitchell y Angela Ledesma confirmaron una probation en un caso de evasión impositiva. El beneficio había sido concedido por un tribunal pese a que algunos consideraban que ese delito no permitía aplicar la figura de «suspensión de juicio a prueba».

El fallo es fácilmente ubicable en Internet. Basta poner el nombre «Walter Perrotta» -quien fue objeto de la causa- para encontrarlo, tanto en su original como en la decenas de casos en los que fue usado por abogados para fundamentar su postura.

 

Lo que no está tan a mano es la información sobre quién fue Perrotta y cómo su decisión de abandonar su tradicional restaurante en Mataderos para dedicarse a cambiar tickets y dólares en una cueva del Microcentro terminó reuniendo al contador Diego Guastini (45, quien con los años se convertiría en el mayor lavador narco de la historia) con uno de sus clientes más importantes, el peruano Carlos Atachahua Espinoza (51) hoy acusado de blanquear millones del narcotráfico en nuestro pais.

 

De esos tres personajes dos están muertos: Perrotta falleció a los 64 años en Julio de 2011 luego de pelear un año contra un cáncer de páncreas. Guastini fue asesinado por sicarios en octubre de 2019, diez días después de declarar como arrepentido ante la Procunar y entregar a Atachahua a la Justicia aportando pruebas que lo relacionaban con el trafico internacional de cocaína.

La detención de Carlos Sein Atachahua Espinoza (51).

La detención de Carlos Sein Atachahua Espinoza (51).

Los datos aportados por Guastini derivaron en la detención de Atachahua y de su contador, Miguel Angel García Ramos (47). Fue en el marco de un megaoperativo que tuvo su epicentro en la City y llamó la atención por su despliegue de carros de asalto. Por esta causa la semana pasada el juez en lo Penal Económico Pablo Yadarola los procesó por lavado de activos y les impuso un embargo récord: 10 mil millones de pesos a cada uno.

 

Esa es la historia reciente. Pero la declaración indagatoria de Atachahua ante Yadarola puso en juego a un personaje hasta ese momento desconocido: Walter Perrotta. Y junto con ese nombre Atachahua volvió a poner bajo el reflector un lugar que se repite en al menos media docena de causas: el edificio de Florida 520, entre Tucuman y Lavalle.

 

En ese edificio fue visto por última vez el financista Hugo Díaz (41), desaparecido la mañana del 9 de marzo de 2015. Las cámaras lo filmaron entrando pero no saliendo del lugar. El propio Guastini reconoció que lo había ido a ver para, dijo, cobrar un alquiler. Hay testimonios que sugieren que Díaz fue asesinado en una de las oficinas de Guastini y que de allí lo sacaron en pedacitos dentro de un freezer que habían subido el día anterior.

 

Un análisis de sus sociedades revela que Diego Xavier Guastini manejaba al menos tres cuevas en Florida 520. Una era la oficina 312 del tercer piso (sede de OTBA S.A), otra era la oficina 108 del primer piso (sede de RTV S.A) y una última, también en el primer piso, la 118 (domicilio de Cabaña Rodeo Alegre, CB Travel y SyB, esta última con sociedad con Carlos Atachahua). Pero algunos sostienen que llegó a manejar el 80% del edificio y rotaba de bunker muy seguido.

 

En Florida 520 también tenía su base de operaciones Luciano Viale (40), hijo de Pedro «El Lauchón» Viale (59), asesinado por el Grupo Halcón de la Policia Bonaerense en su casa de Moreno el 9 de Julio de 2013. Luciano, hoy preso por robo, era una especie de socio de Guastini y también declaró en la causa Díaz.

Diego Guastini, detectado por una cámara de seguridad del Aeropuerto Internacional de Ezeiza.

Diego Guastini, detectado por una cámara de seguridad del Aeropuerto Internacional de Ezeiza.

 

Pero el primero del grupo en recalar en el edificio de Florida 520 -que tiene la estratégica característica de contar con una segunda salida por calle Tucumán- fue Walter Perrotta. Tenía un local en la galería de la Planta Baja y oficinas en distintos pisos.

 

Algunos allegados consultados por Clarín sostienen que su llegada a la City ocurrió en los 90 en pleno auge del menemismo, la timba financiera y el «1 a 1». Allí lo allanaron en el año 2005 en la causa de evasión tributaria por la que terminó firmando una probation cuando ya el Tribunal en lo Penal Económico N° 2 estaba apunto de empezar el juicio en su contra.

 

La muñeca y los arbolitos

A fines de los 90 «El Tano» (apodo de Perrotta) dejó en manos de su sobrino su tradicional restaurante La Bambola («muñeca» en italiano), ubicado en Larrazábal y Bragado, en el barrio de Mataderos. Dicen que estaba cansado de los juicios laborales y que las horas de trabajo le habían costado su matrimonio.

 

La Bambola sería noticia en 2005 por un violentísimo robo en el que dos ladrones asesinaron a balazos a uno de los empleados que se interpuso para que no mataran a su jefe. O eso se dijo. La noticia no tuvo seguimiento.

 

Dejando atrás su vida de gastronómico, Perrotta se instaló en Florida 520 y, por los testimonios que esta reuniendo la Justicia, fue una especie de mentor y primer empleador de Guastini. «El padre de Diego tenía una estación de servicio en la Zona Sur del conurbano (la familia es de Quilmes). ‘El Tano’ le cambiaba tickets restaurantes y cosas así. Cuando Diego se recibió de contador su padre le pidió a Perrotta que lo empleara», contaron fuentes memoriosas.

 

Segun declaró Atachahua ante el juez Yadarola, él arranco en la City porteña como «arbolito» y era tan hábil que enseguida Perrotta le ofreció trabajo detectando dolares falsos. Segun él fue en el año 2005 y allí conoció a Diego Guastini y también a su último contador, García Ramos, quien además se dedicaba al cambio de divisas en la zona de Lavalle y Florida.

Hugo Díaz era dueño de compañías de servicios de ambulancias y financista en el microcentro porteño.

Hugo Díaz era dueño de compañías de servicios de ambulancias y financista en el microcentro porteño.

 

Sin embargo los fiscales sospechan que Atachahua introdujo el nombre de Walter Perrotta en la causa aprovechándose de que está muerto y no puede refutarlo y para ocultar que en realidad en 2005 ya contaba con al menos dos millones de dólares con los que compró su primer edificio de cocheras en Caballito.

 

Las indagatorias

El 21 de octubre pasado el juez Yadarola detuvo a Carlos Atachahua, a su hija, a su contador y la ex esposa de éste. La mujer de Atachahua quedó prófuga porque logró irse a Perú en agosto en un vuelo de repatriación. Días después los acusados fueron declarando ante el juez y esto es parte de lo que contaron:

«Me radiqué en Argentina a mediados del 2005. Desde mi llegada, como lo hacía en la ciudad de Lima, vendía y compraba dólares -lo que comúnmente se denomina arbolitos- en la esquina de Lavalle y Florida». (Atachahua)

 

«La oficina de cambios del Sr Perrotta era la mesa para cargar y descargar dólares (…) A pedido del señor Walter Perrotta participé dando mi opinión sobre la autenticidad de unos dólares que tenía en su oficina (…) El señor Walter me ofreció un sueldo de 500 dólares diarios con la condición de que permanezca en la habitación privada verificando, organizando y preparando los valores para sus otras mesas. Deje de trabajar para el a fines de 2008». (Atachahua)

 

Ese sueldo, según él, subió pronto a 1500 dólares diarios. Perrotta era tan buen jefe que intercedió para que comprara su primera sociedad, Tebinan S.R.L., en la que también aparece Diego Guastini, quien ya trabajaba para Perrotta.

 

La historia que contó en su indagatoria Miguel Ángel García Ramos tiene costados entre lo asombroso y lo increíble. Para empezar aseguró que llegó a la Argentina en el año 2000 y se dedico a trabajar en supermercados chinos y cirujear (sic). «Asi junté mis primeros 10 mil dolares», declaró.

 

«El que me inició en los tickets (compra de tickets de comida a menor valor que el nominal) fue el difunto Walter Perrotta que me convirtió en uno de los principales repartidores de tickets de Buenos Aires». (García Ramos).

La caída del clan narco peruano Carlos Sein Atachahua Espinoza. Oficinas allanadas en la City porteña y detención de su contador.

La caída del clan narco peruano Carlos Sein Atachahua Espinoza. Oficinas allanadas en la City porteña y detención de su contador.

 

«Aproximadamente en el 2010 Walter me presenta a Diego Guastini que en ese tiempo sería empleado como yo. Luego posteriormente me presenta a Carlos Atachahua Espinoza en un sentido comercial». (García Ramos)

 

García Ramos y Guastini se hicieron muy amigos al punto de que Guastini fue su garante cuando el peruano alquiló su propia cueva (con fachada de casa de telefonía) en Lavalle 607.

 

Pero las cosas no terminaron bien, para nada bien.

«Diego se enojó conmigo y descartamos nuestra amistad en el año 2012. Entonces Diego me mandó asaltar al Centro y luego dos meses después me hicieron inteligencia en mi casa. Me trajeron secuestrado al Centro y a mi hija y a mi mamá la llevaron a Provincia dos tipos», contó García Ramos que de inmediato mandó a ambas a Perú para protegerlas.

 

Con Perrotta ya muerto por un voraz cáncer en 2011, Guastini se hizo fuerte en las oficinas de Florida 520. «Tenía dos o tres empresas de turismo. Arrasaron con todo lo que era mayorista, con el cambio de cheques. Diego tenía cuevas mayoristas y minoristas. Ya para ese momento había crecido mucho», detalló García Ramos.

 

Aliado con espías de la SIDE, con policias de la Bonaerense, con un grupo de tareas que secuestraba y extorsionaba gente, con narcos que lo contrataban para que trajera decenas de mulas con dinero al país desde Europa, Diego Guastini se fue encumbrando.

 

Llegó muy alto y de allí cayÓ bajo las balas de un sicario con más suerte que buena puntería

Fuente: Clarín

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