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Política

Mesa dice los ‘Pititas’ son un Movimiento Revolucionario de Bolivia 

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El expresidente de Bolivia, Carlos Mesa en una columna de opinión «Jóvenes y Pititas» publicado en el sitio Comunidad Ciudadana dice que los jóvenes tomaron las calles y la política de Bolivia

A continuación la publicación textual

Carlos D. Mesa Gisbert

¿Cuál es la diferencia entre los jóvenes y los mayores, hoy? La principal es que los jóvenes han conquistado un espacio, son protagonistas. No aceptan la idea de que tienen que esperar porque no tienen la experiencia suficiente y, por tanto, “no les toca”.

La política activa no parecía un escenario ni apropiado ni deseado por la nueva generación, pero, literalmente, los jóvenes de entre 18 y 28 años tomaron la política por asalto. Lo hicieron en la calle con el vigor y la convicción de que si no lo hacían podían robarles el presente. Comprendieron que la palabra democracia, aquella que habían escuchado miles de veces a lo largo de sus cortas vidas, por fin tenía sentido, dejaba de ser algo vacío y se llenaba de contenido.

Los abusos de las dictaduras del siglo pasado fueron respondidos por el compromiso con doctrinas que dividieron nuestros mundos individuales en derecha e izquierda, en verdades o mentiras absolutas, como las que impone el dogma. En octubre y noviembre de 2019 el camino escogido, en cambio,fue de entraña, de convicción por la libertad, por el derecho a decidir, con la certeza de que el poderoso que había gobernado casi catorce años les robaba el voto, ese instrumento intransferible a través del cual cada uno expresa su voluntad soberana.

No había que dar largos discursos para que fuese entendido, había que sentirlo, vivirlo y defenderlo. La marea humana, el vigor y la valentía juvenil se apropiaron de las calles a lo largo y ancho de las ciudades del país. A alguien se le ocurrió definir el movimiento como un ‘revolución de las pìtitas’, que no era otra cosa que la apropiación del espacio físico y del espacio político a través de una acción tan pacífica como irreductible.

Se hizo palpable entonces la lucha por una causa, la más importante, la de la libertad, la decisión de vivir en democracia y la certeza de que nuestra comunidad habías escogido la paz como camino para hacerla realidad.

La ideología dejó de ser una verdad inamovible y se convirtió en compromisos concretos y específicos. Se estaba pasando de los grandes proyectos que “cambian el mundo” a las acciones que cambian las cosas todos los días.

Pero si es verdad que hubo una revolución de la pititas, no lo es menos que esa realidad encarnada por personas de entre 18 y 25 años conquistando un espacio libre de ataduras, debe compartirse. Nadie regala nada, ni nadie recibe un regalo como dádiva, porque no se puede seguir con la idea de que hay alguien propietario del poder y de las decisiones por razón de su edad o una experiencia que le permite regalar o conceder…

Seamos sinceros, este es un mundo drásticamente diferente al que nos toco a quienes ya no somos jóvenes. Todo se mueve, todo se transforma, todo es vertiginoso, la permanencia no es el rasgo que distingue estos tiempos. Si te detienes te congelas. Por supuesto que habrá quien quiera escoger una ruta alternativa, pero las respuestas que buscan ayudar a construir un país mejor tienen que darse desde la realidad, la de la inteligencia artificial y la del movimiento continuo y veloz.

Por eso es necesaria una construcción horizontal, es imperativo que conjuguemos ideas, propuestas y acciones que nos conduzcan a dar las respuestas necesarias. Las soluciones no son patrimonio de una generación, son de todos y les corresponden a todos. Así, desterraremos de nuestro pensamiento que una edad es una virtud o un defecto o que tener más o menos experiencia te habilita o inhabilita para decidir sobre la sociedad que quieres.

Las causas de los jóvenes tienen que ver con sus propias miradas de lo cotidiano. La crisis climática es ese cotidiano, la violencia machista lo es, el abuso a los animales como inferiores y objetos de uso lo es, la ciudad hostil lo es y, sobre todo, la agobiante pregunta de qué depara el mañana para quien apenas comienza a vivir lo es.

Los jóvenes están en el centro, son el centro, son presente y futuro y deben ser dueños de sus decisiones en el llano y en la cumbre. Pero de igual modo ese centro debe compartirse y así debemos entenderlo quienes lo hemos detentado hasta hoy. Para construir juntos, para hacer juntos lo que tenemos que hacer, para que, igual que la sociedad, éste sea un tejido intergeneracional, sin el que una nueva Bolivia no es posible.

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