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Primeria línea de lucha contra la pandemia

Rebrote de coronavirus

(Infodiez-7/07/20)

Por Guido Pizarroso Durán

Los médicos, trabajadores de salud pública, la Policía boliviana y los militares, están en la primera línea de lucha contra el coronavirus, y lamentablemente, en las filas de los cuerpos de seguridad ya hay más de 700 infectados y más de un centenar el personal de salud.

La naturaleza del trabajo de policías y militares los posiciona siempre al frente en situaciones de crisis y emergencias. La pandemia  ha hecho que los soldados estén permanentemente movilizados para asistir a la gente, mientras los médicos, enfermeras y personal sanitario salvan vidas. Un estudio del BID, en trece organizaciones policiales de América Latina, estableció el impacto y la respuesta frente a la crisis desencadenada por la pandemia. En efecto, la policía, junto otras unidades, están en la primera línea de respuesta, atendiendo las emergencias y nuevas funciones derivadas de la crisis sanitaria mientras continúan con todas las responsabilidades de mantenimiento de la seguridad pública.

El estudio señala que estas nuevas funciones de respuesta del COVID-19 han convertido a las policías en un colectivo de alto riesgo. De hecho, algunas entidades policiales han tenido que hacer frente a un número significativo de bajas por enfermedad o por medidas preventivas de cuarentena. Los policías latinoamericanos afrontan la crisis del COVID-19 con un desafío mayor que otras regiones porque parten de niveles altos de criminalidad y percepción de inseguridad, y en algunos casos, con importantes desafíos institucionales. El trabajo del BID explica que la mayoría de las instituciones policiales de la región se han preparado y tomado medidas, desarrollaron protocolos de seguridad, dotaron a sus oficiales de elementos de protección y elaboraron planes de contingencia.

En el caso de Bolivia, la situación es algo diferente, porque las autoridades no tomaron en cuenta los precarios medios de bioseguridad.  Los policías suman bajas a diario en el contacto de auxilio a la población. La policía inicio su labor de apoyo sin contar con los equipos de bioseguridad necesarios. Poco a poco fueron dotados de algunos elementos de seguridad, pero todavía, insuficientes.

El informe del BID señala que en la emergencia los policías latinoamericanos continuaron atendiendo llamadas por servicio (aunque con un mayor uso de herramientas virtuales). La mayoría de las policías de la región no contaban con especificaciones para disminuir los arrestos físicos por delitos menores para minimizar el riesgo de contagio a la policía y entre los detenidos. Sí, hubo reducción de varias acciones preventivas (como controles proactivos a vehículos o personas) y controles comunitarios habituales (reuniones comunitarias, grupos de trabajo de resolución de problemas, etc.). En la mayoría de los países aumentó la presencia policial en comercios (para prevenir robos), hospitales (para asistir en la emergencia sanitaria) y espacios públicos (para controlar la cuarentena y preservar el distanciamiento social).

Si algo se ha demostrado empíricamente –dice el estudio- es que la operatividad policial y la confianza ciudadana son dos variables interdependientes. Si las fuerzas de seguridad funcionan, los ciudadanos confían más en ellas y se activa un círculo virtuoso de colaboración y trabajo comunitario. El trabajo también  hace recomendaciones sobre cómo los organismos de seguridad pueden mejorar su relación con la población durante la pandemia. Sugiere favorecer nuevas maneras de interacción entre policías y ciudadanos, involucrando a la comunidad en la definición de las prioridades, los problemas y las soluciones locales y comunitarias. Los peligros y desafíos para las policías en la actual coyuntura son nuevos y de considerable magnitud.  Sin embargo, los retos también presentan oportunidades. Por tanto, las medidas que se tomen para atender esta crisis pueden tener a medio y largo plazo un considerable impacto tanto en las propias instituciones como en la valoración y confianza.

Mientras tanto, en Bolivia, la Policía está junto a los médicos, trabajadores de salud y los militares, en la primera línea de lucha contra el coronavirus, y lamentablemente, en las filas de los cuerpos de seguridad ya hay unos 500 infectados. El comandante general de la Policía boliviana, Rodolfo Montero, manifestó que en el país hay más de 250 policías infectados por coronavirus y 10 muertos hasta mediados de junio. Montero añadió que 117 uniformados superaron la COVID-19 y varios de ellos «donaron plasma hiperinmune para coadyuvar en la recuperación de pacientes. Por su parte, el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas (FFAA), Sergio Carlos Orellana, antes de caer infectado, destacó que por lo menos 552 militares dieron positivo por coronavirus a nivel nacional. Entre médicos, enfermeras y personal de apoyo hay más de un centenar de contagiados. Para colmo de males, en nuestro país grupos políticos radicales, atacan a médicos, policías y militares que protegen a la población. Pese a ello, no hay duda que la ciudadanía mayoritariamente reconoce el sacrificio de la gente que está en la primera línea de la lija contra el coronavirus

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